Científicos concluyen: por el bien de la humanidad, las granjas industriales deben desaparecer

Un nuevo estudio titulado What the COVID-19 Crisis Is Telling Humanity (Lo que la crisis de COVID-19 le está diciendo a la humanidad), publicado por la editorial Karger y escrito por investigadores de la Clínica Mayo y del Instituto Nacional de Neurociencias Aplicadas y Accidentes Cerebrovasculares de Nueva Zelanda, toma contundentes posturas sobre la explotación de animales y el gran riesgo que esto representa para la salud pública.

La pandemia por el nuevo coronavirus SARS-CoV-2 (el virus que causa la enfermedad COVID-19) ha conmocionado al mundo durante meses. Al momento de escribir este blog, 551,046 personas han fallecido a causa de COVID-19, mientras que la cifra de contagios es de 12,102,328. Nuestro estilo de vida ha cambiado con el fin de detener los contagios; se han cerrado restaurantes, hoteles y escuelas, y el aislamiento social en que la gran mayoría de la población global se encuentra también ha ocasionado problemas en la salud mental de las personas.

El estudio indica que aunque estas enfermedades tienen su origen en animales, el comportamiento humano es en su mayoría el responsable de la proliferación de enfermedades zoonóticas que saltan la barrera de especies de animales a humanos. El alarmante aumento de estas enfermedades está muy ligado con un contacto cercano entre humanos y animales, y la práctica más común es el hacinamiento masivo de animales usados para consumo humano en escala industrial; es decir, las granjas industriales.

El estudio sugiere que:
El confinamiento intensivo de animales en granjas industriales debe ser descontinuado en todo el mundo por el bien de los animales, los humanos y el ambiente, y debemos evolucionar rápidamente hacia una alimentación con otros tipos de proteína que son más seguras para los humanos.
El estudio también reitera que producir cultivos como sustento para humanos en lugar del de los animales usados para el consumo humano alimentaría a más personas y usaría menos recursos como tierra y agua, lo que permitiría la preservación de ecosistemas vitales para innumerables especies.

De acuerdo con los Centros para el Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC), tres de cada cuatro enfermedades infecciosas nuevas o emergentes provienen de animales y tres de cada cinco enfermedades infecciosas en humanos se transmiten a través de los animales. El confinamiento industrial de animales para consumo humano también ha desempeñado un papel importante en la resistencia a los antibióticos. De acuerdo con un estudio publicado en la revista Science, el 73% de todos los antibióticos vendidos en el mundo son suministrados a animales confinados en granjas industriales.

Recientemente una investigación realizada por Mercy For Animals reveló que en instalaciones de Huevo Guadalupe, alrededor de 900 gallinas murieron en un solo día. Los trabajadores de la granja reportaron un tipo de “gripe” entre las aves, las cuales recibieron antibióticos que salpicaron la producción de huevos, que aún así fueron enviados para ponerse a la venta, poniendo en riesgo a sus consumidores.


Queda claro que la explotación industrial de animales como alimento es un riesgo constante de nuevas epidemias. Las densidades de población extremadamente altas y el estrés crónico que estos animales padecen crean las condiciones necesarias para que los virus se propaguen e infecten a los humanos.

La buena noticia es que nosotros, los consumidores, podemos detener esto. Al elegir una alimentación a base de plantas no solo evitamos el sufrimiento de millones de animales, también ayudamos al planeta y a todos los que lo habitamos. ¿Te gustaría dar el primer paso? Descarga gratis la Guía vegetariana para principiantes para obtener más información.