De acuerdo con el Consejo de Defensa de los Recursos Naturales de los Estados Unidos:
Las personas que viven cerca o trabajan en granjas industriales respiran cientos de gases, que se forman a medida que el estiércol se descompone. Por ejemplo, un gas liberado por las lagunas [de estiércol], el sulfuro de hidrógeno, es peligroso incluso a niveles bajos. Sus efectos, que son irreversibles, van desde dolor de garganta hasta convulsiones, comas e incluso la muerte.
Y estas granjas industriales no sólo representan un grave problema de salud pública y justicia ambiental para las comunidades cercanas, también son horribles para los animales y el planeta.
Lo mejor que podemos hacer para proteger a los animales y nuestra salud de esta industria destructiva es reducir o eliminar el consumo de carne y otros productos derivados de la explotación animal.
Un estudio realizado en los Países Bajos encontró que la contaminación del aire derivada de las granjas industriales causa daño pulmonar a los residentes de las comunidades aledañas.
Aunque estudios previos han vinculado este tipo de granjas con altos niveles de polvo, este nuevo estudio se centra en el amoníaco y su efecto sobre los patrones de respiración.
La nota de Reuters señala que:
Cuantos más establecimientos ganaderos había cerca de los hogares de los participantes ‒en un radio de un kilómetro‒ los investigadores encontraron mayores impedimentos en los participantes para expulsar el aire que exhalaban.
Pero no es sólo gas de amoníaco. Las personas que viven cerca de las granjas industriales se han quejado de que los dueños de estas instalaciones rocían las heces y la orina en el aire para “eliminar” los desechos.
De acuerdo con el Consejo de Defensa de los Recursos Naturales de los Estados Unidos:
Las personas que viven cerca o trabajan en granjas industriales respiran cientos de gases, que se forman a medida que el estiércol se descompone. Por ejemplo, un gas liberado por las lagunas [de estiércol], el sulfuro de hidrógeno, es peligroso incluso a niveles bajos. Sus efectos, que son irreversibles, van desde dolor de garganta hasta convulsiones, comas e incluso la muerte.
Y estas granjas industriales no sólo representan un grave problema de salud pública y justicia ambiental para las comunidades cercanas, también son horribles para los animales y el planeta.
Lo mejor que podemos hacer para proteger a los animales y nuestra salud de esta industria destructiva es reducir o eliminar el consumo de carne y otros productos derivados de la explotación animal.
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